viernes, 6 de junio de 2014

FOTOGRAFIANDO EL HORMIGÓN

El País (aquí) ha publicado un interesante artículo sobre la arquitectura del siglo XX en España y añade 20 estupendas fotografías (aquí) de varios edificios. Una delicia. 


LA FOTOGENIA DEL HORMIGÓN
E. Fernández-Santos

“El fotógrafo es probablemente el mejor crítico de arquitectura que existe”. Esta frase del británico Eric de Maré (maestro de maestros en lo que se refiere a fotografía de edificios) cierra Fotografía y arquitectura moderna en España (1925-1965), exposición de la Fundación ICO que muestra el papel de los profesionales de la cámara en el conocimiento e interpretación de la arquitectura española que nació a partir de los años treinta.

Una relación tan formal como emocional que va más allá de nombres ya reconocidos como el de Kindel o Català-Roca y que incluye el trabajo de Pando, Paco Gómez o Luis Lladó. “La fotografía de arquitectura, junto a su innegable vocación documental, tiene una curiosa cualidad artística: aisla lo que que captura y le da valor en sí mismo”, explica Iñaki Bergera, comisario de esta exposición que reúne 250 imágenes pertenecientes a archivos familiares de fotógrafos y arquitectos, colegios de arquitectura y colecciones privadas. “Queríamos hacer un puzle, un mapa de mapas en el que se fuese pasando página, de forma cronológica, por la relación este matrimonio”.

La contribución de la fotografía a la difusión y compresión de la arquitectura convierte a una pareja destinada a ser de mera conveniencia en apasionados amantes. Una relación fuerte porque nace de la adversidad y de la imposibilidad. “La arquitectura no es estática, es dinámica, se recorre. Un edificio es una secuencia y por eso se parece mucho más al cine que a la fotografía. La fotografía no puede captar al edificio en toda su dimensión, por eso busca la luz y la atmófera. Una buena fotografía de arquitectura interpela al edificio”. Busca la esencia, en definitiva, de un objeto que se le resiste. “Por ejemplo, las mejores fotos de Kindel”, asegura Bergera, “son las de los poblados de colonización, de donde extrae todo el lirismo y poética de una arquitectura pobre”, asegura Bergera.

De ahí que la mejor fotografía de construcciones tenga una extraña vida, ajena pero vibrante, misteriosa pero auténtica, que su soledad (los edificios siempre lo están) parezca romperse gracias a esa íntima mirada del fotógrafo, en eterna lucha contra el espacio y la geometría.






















sábado, 25 de enero de 2014

LA ARQUITECTURA COMO CURA


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ARQUITECTOS ESTRELLA DE LA PROPAGANDA

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DESTROZAN UNA VIDRIERA DE LA CAPILLA DE LE CORBUSIER EN RONCHAMP

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Le Corbusier aceptó reconstruir la Capilla de Ronchamp, en el este de Francia, destruida por los bombardeos durante la guerra, y la finalizó en 1955. El arquitecto francosuizo recreó así, en la cima del monte de Bourlémont, “un lugar de silencio, de rezo, de paz, de alegría interior”, según su propia definición. Este remanso de paz sufrió sin embargo el ataque de unos vándalos el pasado viernes, que dejaron en mil pedazos la gran vidriera principal de la capilla. Dibujada y firmada por el artista, de medio metro de alto por medio de ancho, era la mayor del sitio. La Fundación Le Corbusier ha pedido medidas urgentes para preservar la capilla, una petición que extiende al conjunto de la obra del arquitecto.

Sobre las siete y media de la tarde del viernes, una monja del vecino monasterio edificado en 2011 y obra del arquitecto Renzo Piano descubrió la degradación y dio la alerta a la gendarmería. El o los autores del ataque forzaron la entrada al interior del edificio, inscrito en la lista de monumentos históricos franceses en 1967 como parte del Patrimonio del siglo XX. Dejaron destrozada la principal vidriera, en la que Le Corbusier había dibujado una luna con rostro humano y la única de la capilla que había firmado. Los vándalos también trataron sin éxito entrar en la librería-tienda de la iglesia y arrancaron un buzón de colecta de hormigón, que estaba vacío y que apareció fuera del edificio.

Los miles de pedazos de la vidriera se encuentran ahora en manos de un vidriero enviado por la Dirección regional de Asuntos Culturales, encargado de elaborar una copia de la original. De momento, la capilla, que recibe cada año la visita de unos 80.000 turistas y fieles, se mantiene abierta al público. Se ha colocado una tabla de madera para cubrir el vacío dejado por la vidriera, a la espera de la nueva copia. La gendarmería por su parte ha pedido la colaboración ciudadana para dar con los autores del acto de vandalismo, sobre el que parece disponer de momento de poca información.

“Es terrible ver un elemento original de la obra de Le Corbusier destruido”, reacciona por teléfono Michel Richard, director de la Fundación Le Corbusier, encargada del legado del arquitecto franco-suizo. “En una obra como la de Ronchamp, lo que él aporta personalmente, además de la arquitectura, es su toque de artista plástico. Era un artista en el sentido completo de la palabra. Sus dibujos son algo muy íntimamente ligados a Le Corbusier”, añade.

La Fundación ha pedido medidas urgentes para garantizar la seguridad y lamenta en un comunicado que “ninguna medida específica haya podido permitido garantizar la seguridad de las instalaciones y preservar uno de los elementos más emblemáticos y más frágiles de la Capilla”. Reclama también mayores esfuerzos por el mantenimiento y la restauración del edificio, que sufre también problemas de infiltraciones.

“Queremos llamar la atención de los poderes públicos y de los diferentes propietarios sobre el hecho de que este Patrimonio es frágil, sea por motivos de seguridad o de urbanismo. Estamos ante una obra que está en peligro”, añade Richard. Por ello espera que culmine la iniciativa promovida también la Asociación de lugares de Le Corbusier de lograr, tras frustradas tentativas pasadas, la inscripción de esta obra en la lista del Patrimonio de la UNESCO en 2015.